La homosexualidad se ha practicado desde hace miles de años y existe en toda la escala del reino animal. Hay leones homosexuales, monos homosexuales y hasta ranas homosexuales. Teniendo en cuenta que los genes son los productores de las proteínas y que éstas son las que participan en la formación del cerebro, del cual depende gran parte del comportamiento, es obvio pensar que la conducta sexual tiene una base biológica. Los determinantes del interés sexual en cuanto a la preferencia por el mismo sexo o por el opuesto ocurren muy tempranamente, generalmente ya entre los cuatro y los cinco años, mucho antes de la pubertad. Las personas descubren cuál es su interés sexual: no lo eligen. ¿Cuáles son, en verdad, los mecanismos que dan lugar a la atracción sexual, tanto en los hombres como en las mujeres? Una de las hipótesis más aceptadas relacionadas con estas variantes de la sexualidad dice que se deberían al efecto que producen las hormonas embrionarias masculinas durante la vida fetal. Ellas darían lugar a una organización neurológica masculina o femenina, algo así como nacer con un cerebro masculino ante la presencia del cromosoma Y o con un cerebro femenino, en caso de que éste estuviera ausente. La metodología genética que investiga los grupos familiares y gemelos ha demostrado consistentemente que los genes tienen influencia en la orientación sexual, aunque los estudios moleculares no han podido aún descifrar cuáles serían los genes involucrados. En los últimos años van apareciendo con mucha pujanza nuevas formas de pensar dentro de las sociedades. Una de las más revolucionarias es la línea ideológica que tiende a difundir la llamada igualdad de género. Según esta teoría, ser hombre o mujer no estaría determinado mayormente por el sexo, sino por la cultura. Para muchos psicólogos, existe una identidad psicobiológica del propio sexo y una identidad genérica, que seria la identidad psicosocial, o sea, la del tipo de funciones que las personas de un determinado sexo desempeñan en la sociedad. Si aceptamos el hecho de que la unión entre dos personas esta basada en el amor, con procreación o sin ella, a diferencia de la unión animal, basada exclusivamente en el sexo y la procreación, posiblemente se desvanecerán los prejuicios que aún prevalecen en muchas sociedades y culturas. Se reconocerá y aceptará cada vez con más naturalidad la existencia de conductas sexuales diferentes, un verdadero polimorfismo comparable al color de la piel o a la talla. Es de esperar que en un futuro próximo sea factible demostrar cuál es la red génica que, en interacción con un determinado medio ambiente, da lugar a estas variantes sexuales, así como el porqué de su presencia en toda la escala animal, incluido el hombre, y su frecuencia, si bien minoritaria, persistente. Esta demostración científica servirá para que finalmente se acepte que si un hombre o una mujer tienen una orientación sexual diferente de su conformación biológica no deben ser privados por esto de los derechos y las obligaciones propios de cualquier ciudadano del mundo.
Primarosa Chieri autora del artículo es medica genetista

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